
Pensamientos del Obispo
Pensamientos del Obispo.
Durante la Semana Santa mi corazón late rápidamente, mis emociones giran en diferentes direcciones desde la menor desolación hasta el mayor gozo que nos podemos imaginar; y en cada paso del caminar Jesús desde la entrada a Jerusalén hasta su crucifixión y la declaración espectacular de su resurrección me eleva a la necesidad de ir recordando y celebrando la ultima semana de la vida de Jesús en esta tierra. No puedo ni imaginar un año sin experimentar la Semana Santa.
Algunos miembros de iglesias parecen no tener noción de la importancia y significado de que la Semana Santa sea un caminar o una jornada. Estos miembros llegan a la iglesia el Domingo de Palmas y celebran la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, con palmas y ramos ondeando y al mismo tiempo la gente gritando “Hosanna”. Estos mismos miembros regresan a sus casas el Domingo de Resurrección con la declaración de que “Jesús Resucito” y que “Jesús es Señor de Señores” pero nunca comprendiendo el dolor del rechazo, el sufrimiento y la experiencia de la muerte de Jesús a favor de ellos y ellas, perdiéndose así una parte vital de la historia del Evangelio.
El mayor miedo que tengo es que hay individuos podrán llegar a la conclusión de que es posible vivir sus vidas desde el Domingo de Palmas hasta el Domingo de Resurrección sin nunca tener que experimentar lo profundo de la desolación, la agonía, y el sufrimiento que significa el ser seguidor o seguidora de Cristo Jesús.
Mas y mas pastores y pastoras están proclamando lo que yo entiendo como un evangelio de prosperidad. Aparentemente estos pastores y pastoras están comunicando que aquellos y aquellas que acepten seguir a Jesús gozaran de todas las bendiciones en la vida y que no tendrán que enfrentar ni sufrir devastaciones que otros pasan. Muchas partes del Antiguo Testamento parecen comunicar este mismo mensaje. El libro de Job contradice ese mismo mensaje. Nosotros no siempre merecemos lo que tenemos y tampoco tenemos lo que nos merecemos.
Algunas de las personas mas honorables, rectas y confiables que yo he conocido, fueron personas que sufrieron en su vida grandes dificultades y tragedias. Estos en vez de sentirse destruidos y quebrantados por la adversidad, se fortalecieron y recibieron poder y confiaron en la presencia del Espíritu Santo y en el poder de Dios para recibir fortaleza. Sin embargo otras personas que se enfrentan a condiciones mucho menos severas en sus vidas, pierden la fe en Cristo Jesús, maldicen a Dios y mueren. La fe de estas personas se parece a la semilla que cayo en las piedras y esa semilla germino, creció un poco pero murió por falta de humedad (Lucas 8:6). Las circunstancias no nos hacen o crean ni nos quebrantan; la diferencia la hace nuestra fe en Cristo Jesús y lo que esperamos que Jesús hará por y en nuestras vidas cuando nos encontremos con el éxito y el fracaso en la vida.
¿Se imaginan lo que Jesús sintió y pensó cuando entro a Jerusalén en el lomo de un burro? ¿Pueden imaginar lo que Jesús sintió cuando el discípulo huyo de su presencia, los soldados lo arrestaron y cuando la multitud gritaba “Crucifícale”? ¿Podrán ustedes ponerse en el lugar del cuerpo de Jesús en el momento de estar colgado en la cruz y saber que darían su ultimo respiro?
La gran y mejor Buena Noticia es que la muerte no tuvo la ultima palabra. Dios removió al mundo, hasta a los discípulos de Jesús al levantar a nuestro Señor de la muerte a la vida temprano en la mañana del Domingo de Resurrección. La vida cambiara y nunca será la misma. Dios cambia al mundo. Dios cambia la vida. Dios derrota con poder a la muerte. ¡Aleluya!
Gracia y paz.
Max Whitfield